MotoGP huele a pólvora

© Repsol Media.

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Pasamos página al Mundial 2011 y a su luctuoso epílogo. Addio Sic. Toca mirar el futuro. Lo vemos nebuloso. Incierto. Tenso. Decadente. Preocupa el mañana. Las contundentes y duras revelaciones de don Carmelo Ezpeleta, CEO de Dorna, no presagian nada bueno. Entrevistado por el buen oficio del colega Mela Chércoles en el diario AS, dejó clara su tajante intención de abolir los prototipos de MotoGP. Los sustituirá por unas “bitza” con motores de calle y chasis de carreras. Las llama CRT.

En el AS desprecia, con coprológica expresión, a las MotoGP que él mismo trajo al Mundial para matar a las 500 de 2T: …tenemos una categoría de motos que son una mierda… Aclárese de una vez ¡Hombre!

© Pramac Racing.

© Pramac Racing.

Ahora, después de haber puesto el Mundial patas arriba a causa del previsible y avisado encarecimiento de costes, las quiere cambiar por ese extraño invento CRT que también acabará siendo carísimo. Trucar motores de serie para ganar el Campeonato del Mundo tiene unos costes inimaginables. La parte ciclo costará lo mismo que los prototipos de ahora. El ahorro será poco. Las diferencias de prestaciones y rendimiento se acentuarán cuando las fábricas le metan mano. Al cliente, solo le quedará el privilegio de tenerlas en propiedad. Material de museo. Pero don Carmelo es contundente en su decisión: …eso se ha acabado. Se pueden poner como les dé la gana y me pueden explicar lo que quieran. Lo cambiaremos. Don Carmelo manda: Voy a tomar medidas ya. El Mundial se estremece. Las fábricas están asombradas. Perplejas. Nadie les ha consultado mientras invierten ingentes cantidades de dinero para desarrollar los nuevos prototipos pura sangre de 1.000 cc. Se ciñen al articulado del reglamento técnico emitido por esa asimétrica coalición Dorna-FIM. Normativa cuya vigencia mínima debería ser de cinco años como es exigible a cualquier nuevo programa técnico-deportivo. Pero don Carmelo parece dispuesto a no concederle más de dos años de efímera vida. Poca seriedad. Su credibilidad se resentirá. Mal asunto. Las marcas perderán confianza ante cualquier nueva propuesta. No quieren ni oír hablar de esas mestizas que sólo complacen a los equipos privados creyendo que será la gran pasarela para acceder a la clase reina. Utopía.

© Gresini Racing.

© Gresini Racing.

Las fábricas japonesas le dan la espalda al CRT. Le niegan el pan y la sal. Yamaha acaba de rehusar el suministro de motores R1 a Colin Edwards para su proyecto CRT. Honda mira a las nubes cuando le hablan de las “bastardas”. Solo quedan Aprilia y BMW para colocar sus motores de SBK en esa aventura. Pero no son marcas económicas: oiremos hablar de tarifas y precios. Para el resto de marcas se deberá recurrir al abanico de preparadores del segmento SBK donde los hay buenos y normales, pero los mejores seguirán siendo las propias marcas. Cuando acudan, claro está. A la postre, nada cambiará.

Por su parte, don Carmelo apostilla: pretendo que en dos años toda la parrilla esté con estas motos, las CRT.

Las fábricas no están de acuerdo. MotoGP huele a pólvora.